vie · 31 de julio de 2026 · Buenos Aires
Suscribite
Inicio / Gestión y financiamiento

Infantino quiere vender el Mundial, las federaciones se rebelan y corre riesgo su liderazgo/

El 28 de julio, Gianni Infantino anunció que la FIFA quiere vender a fondos privados una porción del negocio del Mundial. En 72 horas se le…

E
Por Eze Juaristi
· 31 Jul 2026 · 13 min de lectura

El 28 de julio, Gianni Infantino anunció que la FIFA quiere vender a fondos privados una porción del negocio del Mundial. En 72 horas se le rebelaron las 55 federaciones de la UEFA —que amenazan con boicot—, la Concacaf, la Confederación Asiática y hasta su propio equipo, con una renuncia sonora y un pedido interno de removerlo. Detrás del plan aparecen la familia Kushner y la sombra de Donald Trump. Adelante, la pregunta de si el cargo de Infantino resiste.

La FIFA quiere crear una filial comercial —bautizada FIFA Forward Enterprise (FFE)— que tomaría el control de los derechos de televisión, patrocinio, entradas y licencias del Mundial, el Mundial de Clubes y el resto de sus competencias.

El plan, adelantado por The Times de Londres y confirmado por la FIFA el 28 de julio, valúa esa filial en unos USD 20.000 millones y prevé vender el 20% a inversores privados, con un desembolso inicial de hasta USD 4.200 millones este año. El banco JP Morgan estructura el vehículo.

El grupo inversor estaría encabezado por Thrive, la firma de Joshua Kushner —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump—. Según lo publicado, Infantino conduciría la nueva compañía como “comisionado” cuando termine su mandato en 2031, con un sueldo comparable al del jefe de la NFL. Para aprobarse, el plan necesita la mayoría de las 211 federaciones y el aval del Consejo de la FIFA, de 37 miembros.

Del Baur au Lac a Infantino/

Para entender por qué la FIFA puede siquiera intentar esto hay que volver a Zúrich, al 27 de mayo de 2015. Esa madrugada, la policía suiza y el FBI detuvieron a dirigentes del fútbol en el hotel Baur au Lac. Era la “Operación Darwin”, el estallido público del FIFAGate.

La fiscal general de Estados Unidos, Loretta Lynch, imputó a 14 personas —nueve dirigentes y cinco empresarios del marketing deportivo— por asociación ilícita, fraude electrónico y lavado de dinero. Tres de esos empresarios eran argentinos.

Alejandro Burzaco, ex CEO de Torneos y Competencias, se declaró culpable y se convirtió en el arrepentido clave de la causa: admitió que, junto a otros, pagó hasta USD 32 millones en sobornos por derechos de TV. Hugo y Mariano Jinkis, dueños de Full Play, comprometieron hasta USD 90 millones para quedarse con contratos de la Conmebol.

En el centro de esa trama sudamericana estuvo, durante décadas, Julio Grondona: presidente de la AFA desde 1979, vicepresidente de la FIFA y jefe de su Comité de Finanzas, la mano derecha de Joseph Blatter. Murió en julio de 2014, antes de que la causa explotara; el expediente estadounidense lo señaló igual.

El escándalo se llevó puesto a Blatter, que renunció días después de ser reelecto y terminó suspendido por la propia ética de la FIFA. En febrero de 2016 lo sucedió Gianni Infantino, hasta entonces secretario general de la UEFA, con la promesa de limpiar la casa.

Una década después, la limpieza produjo otra cosa: una FIFA menos corrupta en las formas y mucho más centralizada en el poder y en la plata. La causa, además, sigue viva: en marzo de 2026 la justicia argentina sobreseyó a Burzaco y, en mayo, los Jinkis viajaron a Nueva York a negociar un acuerdo con los fiscales.

Qué cambió en una década/

El contraste entre las dos FIFA ordena todo lo demás. En términos deportivos e institucionales, la organización que Infantino heredó y la que hoy dirige casi no se parecen.

Dimensión Era Blatter Era Infantino
Presidencia Joseph Blatter (1998–2015) Gianni Infantino (desde feb. 2016)
Mundial masculino 32 equipos, 64 partidos 48 equipos, 104 partidos (2026)
Mundial de Clubes 7 equipos, anual, premios menores 32 equipos, cada 4 años, USD 1.000 M en premios (2025)
Poder interno Repartido con las confederaciones; Grondona en Finanzas Centralizado; los votos de las 211 federaciones como palanca
Ingreso por Mundial Crecimiento sostenido de TV y sponsors Récord de ~USD 12.000 M en 2026 (proyectan hasta 15.000 M)
Modelo comercial Derechos vendidos torneo a torneo Filial (FFE) con capital privado y estatal

Fuente: FIFA · The Times · CNN · ESPN · Reuters

USD 8 M USD 20 M
Es el salto en lo que la FIFA promete a cada una de sus 211 federaciones para que aprueben el plan antes del 19 de septiembre. Ahí está la palanca de Infantino: comprar con “desarrollo” los votos de las federaciones chicas para neutralizar a la UEFA y la Concacaf.

La plata, el Mundial ampliado y el calendario olímpico/

El Mundial de Clubes 2025, disputado en Estados Unidos entre junio y julio, fue el laboratorio del modelo: 32 equipos y USD 1.000 millones en premios. El Chelsea le ganó la final 3-0 al PSG y se llevó cerca de USD 115 millones por un mes de competencia.

Ese premio se financió con un contrato de TV de unos USD 1.000 millones con DAZN, la plataforma en la que semanas antes había entrado el fondo soberano saudí (PIF), vía Surj Sports, con una inversión de otros USD 1.000 millones. Traducido: dinero estatal saudí sosteniendo un torneo de la FIFA. Arabia Saudita, además, será sede del Mundial 2034.

El Mundial 2026, con 48 selecciones y 104 partidos, dejó ingresos récord por unos USD 12.000 millones. Ese es exactamente el activo que Infantino ahora quiere financiar abriendo su capital.

Toda esa expansión chocó de frente con las ligas y los jugadores. En octubre de 2024, las Ligas Europeas, LaLiga y el sindicato FIFPRO denunciaron a la FIFA ante la Comisión Europea por “abuso de posición dominante”: el organismo es a la vez regulador y organizador, y usa esa doble función para saturar el calendario. En marzo de 2026 se sumó otra denuncia, de hinchas y consumidores, por los precios dinámicos de las entradas del Mundial.

El contraste con el olimpismo es inevitable. El COI también centraliza y explota su joya —los Juegos—, pero no vendió una porción de ellos a fondos de private equity. Y la expansión del calendario FIFA presiona sobre un almanaque global que el movimiento olímpico comparte: Los Ángeles 2028 llega en un ecosistema donde Estados Unidos, el dinero privado y el poder político —el eje Trump-Infantino— ya se entrelazan en cada megaevento.

La rebelión, en sus propias palabras/

El 30 de julio, tras una reunión de urgencia, las 55 federaciones de la UEFA votaron —de forma “unánime e inequívoca”, según el organismo— retirarse de toda competencia de la FIFA, de hombres y de mujeres, si el plan sigue en pie.

La UEFA fue frontal. Dijo que «el Mundial no está en venta», que «no es de la FIFA para venderlo» y que «ninguno de nosotros es dueño del fútbol». Sostuvo que el proyecto cruza una línea que las instituciones del fútbol nunca deberían cruzar y que nadie tiene autoridad moral para vender lo que solo administra en nombre de la próxima generación.

El boicot no es abstracto: su primer test caería en septiembre, sobre el Mundial Femenino Sub-20 que organiza Polonia desde el día 5. La Federación Inglesa (FA) se alineó de inmediato “hombro con hombro” con Europa.

La Concacaf —41 federaciones, con Estados Unidos, México y Canadá, los anfitriones de 2026— no llegó al boicot, pero rechazó el plan. Expresó “profunda preocupación por la falta de debido proceso”, objetó el “plazo artificialmente corto” y la ausencia de aval de los órganos de gobernanza, y preguntó para qué hace falta capital externo “tras el Mundial más rentable de la historia”. La federación estadounidense (US Soccer) se plegó a la confederación.

La Confederación Asiática (AFC), que agrupa a 47 países, pidió una “revisión urgente” de la gobernanza de la FIFA y habló de “debilidades fundamentales” en sus procesos de decisión. El dato político pesa: su presidente, el jeque Salman bin Ibrahim Al Khalifa, es aliado de Infantino desde 2016, cuando perdió con él la elección.

La FIFA respondió el viernes 31. Aseguró que “nadie está vendiendo el fútbol”, culpó a “reportes erróneos” de la prensa y aclaró que no avanzará si las federaciones no lo aprueban. Pero no dio el plan por muerto: la consulta sigue abierta.

La mano de Trump/

El plan no cae en un vacío político. Infantino y Trump cultivan una alianza pública desde 2016, reforzada con el regreso del republicano a la Casa Blanca en enero de 2025. El suizo estuvo en la asunción, se volvió visitante habitual del Salón Oval y hasta acompañó al presidente en giras oficiales a Qatar y Arabia Saudita.

En marzo de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva que creó un Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el Mundial 2026, con él como presidente y su vice como número dos. La Casa Blanca proyectó un impacto de USD 17.200 millones en el PBI y más de 185.000 empleos.

En diciembre, durante el sorteo del Mundial en Washington, la FIFA creó un “Premio de la Paz” y se lo entregó a Trump. Antes, había abierto oficinas en la Trump Tower de Nueva York. Durante el torneo, la cercanía derivó en escándalo: se atribuyó a una presión de Trump la revocación de la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun para un partido clave, algo que dirigentes y entrenadores criticaron en público.

El plan FFE nació, según Bloomberg, en charlas privadas entre Infantino y Joshua Kushner. Su firma, Thrive, lidera la búsqueda de inversores; JP Morgan estructura el vehículo. Según The Times, Jared Kushner iba a ser la cara del negocio, pero lo corrieron por “la óptica” política y pusieron a su hermano menor.

Conviene la precisión: Joshua Kushner no tiene cargos ni vínculos formales con la administración Trump, y su última donación política registrada fue a la Fundación Obama. Pero la sola proximidad encendió las alarmas.

La reacción política fue inmediata. En Estados Unidos, el congresista demócrata Jamie Raskin abrió una investigación sobre los lazos entre la FIFA, Infantino y el gobierno de Trump. En Europa, decenas de eurodiputados pidieron indagar la relación. Y sumó opacidad un detalle: la FIFA les pidió a funcionarios e inversores firmar acuerdos de confidencialidad para ocultar sus identidades.

La doble vara: Nepal sí, Trump no/

Toda esa permeabilidad al poder estatal choca con el principio que la FIFA dice defender: los artículos 14 y 15 de sus estatutos prohíben la injerencia de los gobiernos en las federaciones y la castigan con la suspensión. Es una regla que aplica seguido, y casi siempre contra federaciones chicas.

Federación Cuándo Motivo
Nepal (ANFA) jun. 2026 El Consejo Nacional de Deportes intervino la federación
Gabón 2025–26 El gobierno disolvió el cuerpo técnico y suspendió a la selección
India (AIFF) ago. 2022 Injerencia de terceros tras una orden de la Corte Suprema
Pakistán (PFF) 2021 “Toma hostil” de un grupo no reconocido por la FIFA
Chad (FTFA) 2021 Injerencia gubernamental directa

Fuente: FIFA · AFC · Lexology · Gulf News

Acá aparece la contradicción más filosa. En la previa del Mundial 2026, el gobierno de Trump negó visas a parte de la delegación iraní, bloqueó el ingreso de un árbitro somalí y frenó a hinchas de varios países. La FIFA no condenó ni intervino.

Es decir: suspende a Nepal por la injerencia de su Consejo de Deportes, pero mira para otro lado cuando interfiere el Estado anfitrión más poderoso. La autonomía del deporte, en los hechos, se aplica según el tamaño del que la viola.

Los puntos polémicos/

01 Conflicto de interés estructural.

La FIFA regula el fútbol y, al mismo tiempo, organiza y comercializa sus torneos. Es la base de la denuncia europea de 2024 y, ahora, de la pelea por la FFE.

02 Capital privado y estatal sobre un bien común.

Vender el 20% del negocio del Mundial a Thrive (Kushner) y financiar el Mundial de Clubes con dinero saudí pone la joya del fútbol bajo lógica de retorno financiero.

03 La doble vara de la no-injerencia.

Nepal, India o Gabón, suspendidas; el Estados Unidos de Trump, intocable. El principio de autonomía funciona según el tamaño del que interfiere.

04 El calendario y la salud de los jugadores.

FIFPRO documentó que planteles como el Chelsea y el Real Madrid tuvieron apenas 20 días de descanso en un verano; el Mundial de Clubes agravó una saturación que ya venían denunciando.

05 Votos comprados y cero transparencia.

El salto de USD 8 a 20 millones por federación funciona como palanca para comprar votos, mientras la FIFA exige acuerdos de confidencialidad que ocultan quién invierte.

La otra cara. Los defensores del modelo —Infantino a la cabeza— sostienen que esta plata financia el desarrollo del fútbol en países sin recursos, que el Mundial de Clubes repartió USD 1.000 millones y prometió otros USD 250 millones de solidaridad global, y que los inversores tomarían participaciones minoritarias, sin control ni asiento en el Consejo. El contraargumento más fuerte no vino de Europa sino de la propia casa: la FIFA facturó unos USD 15.000 millones entre 2022 y 2026 y no tiene deudas, así que —dicen sus críticos internos— no necesita vender nada para financiar el desarrollo.

¿Peligra el puesto de Infantino?/

La rebelión ya no es solo de las confederaciones: entró en la propia casa. El viernes 31, Carlos Cordeiro —asesor sénior de Infantino y ex presidente de US Soccer— renunció en protesta. “No puedo quedarme de brazos cruzados mientras la FIFA considera vender una parte del Mundial”, dijo, y calificó el plan de mal negocio para las federaciones y para el fútbol.

El director de operaciones (COO) de la FIFA, Kevin Lamour, fue más lejos: pidió públicamente removerlo. “Es el proyecto de una sola persona”, dijo, denunció que el personal se sintió “engañado” y desafió al propio Infantino a echarlo.

Según Sky News, al menos 90 de las 211 federaciones ya están en contra, y el presidente de la Concacaf, el canadiense Victor Montagliani, empezó a sonar como eventual sucesor si la presión obliga a Infantino a irse. No sería la primera vez que un plan suyo detona renuncias en el área de control: en 2016, a poco de asumir, el jefe de cumplimiento Domenico Scala se fue acusándolo de erosionar la independencia de los órganos de gobernanza.

Pero hay una razón estructural por la que Infantino podría sobrevivir. Desde su elección en 2016, su poder nunca dependió de Europa: la UEFA y la Conmebol suman apenas unos 65 de los 211 votos. Su mayoría vive en las federaciones chicas de África y Asia —las mismas a las que ahora ofrece USD 20 millones—.

Por eso la FIFA redobló la apuesta en lugar de retroceder. El pulso, en el fondo, es por quién manda en el fútbol: el presidente y su base de federaciones pequeñas, o las confederaciones que históricamente ponen las estrellas y el dinero de la televisión. Ese es el partido que se juega hasta el 19 de septiembre.

La trastienda del deporte, una vez por semana/

Política, plata y poder detrás de la cancha. Sin ruido, sin clickbait.