Entró en vigor el 10 de junio. Es la reforma deportiva más completa del Reino en casi cuatro décadas. Reordena clubes, federaciones e inversión rumbo al Mundial 2034, arma un plan para meter el deporte en escuelas y geriátricos — y, en el camino, pone al deporte bajo el Estado. Los puntos que prenden la alarma, y la pregunta que le deja a la Argentina.
El 10 de junio entró en vigor la nueva Ley del Deporte de Arabia Saudita, emitida por Real Decreto M/121.
No es un retoque. Es la primera vez que el Reino ordena todo su ecosistema deportivo bajo un estatuto único, y deroga el viejo régimen de 1987 que apenas regulaba federaciones y el Comité Olímpico.
Hasta ahora gobernaba más la costumbre y la discrecionalidad del Estado que una regla escrita.
El Ministerio del Deporte tiene 180 días para publicar los reglamentos. Las entidades, hasta el 10 de junio de 2027 para adecuarse.
Qué cambió: del decreto a la ley/
El cambio de fondo es de modelo: la regulación pasa de la costumbre al contrato. Esta es la foto antes y después.
| Dimensión | Antes (régimen de 1987) | Con la ley M/121 |
|---|---|---|
| Marco legal | Estatuto de federaciones y Comité Olímpico (Decreto M/55, 1987) | Estatuto único que ordena todo el sector |
| Personería | Sin registro central que la habilite | Registro Nacional del Deporte: cuatro entidades reconocidas |
| Clubes | Asociaciones sin fines de lucro | Pueden convertirse en empresas (heredan activos y pasivos) |
| Inversión extranjera | Sin vía formal | Habilitada en clubes y ligas (topes a definir por el ministro) |
| Gobernanza interna | Librada a cada entidad | Asambleas, directorios y responsabilidad legal de ejecutivos |
| Sanciones | Difusas | Multas hasta ~US$1,33 M, cierre de instalaciones, disolución de directorios |
| Conflictos | Vía administrativa difusa | Arbitraje deportivo reconocido como vía formal |
Fuente: Real Decreto M/121 · análisis Bird & Bird, HFW y Greenberg Traurig
La plata, los estadios y el calendario olímpico/
Nada de esto se entiende sin la billetera. Desde 2016, el Reino invirtió cerca de US$51.000 millones en deporte a través del Fondo de Inversión Pública (PIF).
El deporte es una pieza de Visión 2030. La meta es que el sector aporte cerca del 3% del PBI.
La ley es la infraestructura jurídica de ese capital de cara al Mundial 2034: 15 estadios —11 nuevos—, cinco ciudades sede y el polo Qiddiya de US$40.000 millones al sudoeste de Riad.
Y el fútbol es apenas el principio. En el medio están los Juegos Asiáticos de Invierno 2029, la Expo 2030 y los Juegos Asiáticos 2034. El horizonte que el Reino no confirma pero todos leen: una candidatura olímpica. Esta ley es el cimiento institucional para sostener esa carrera.
El deporte que baja a la sociedad/
La parte menos vistosa es la que más toca a la gente. La ley licencia academias, institutos y escuelas deportivas. Obliga a habilitar al personal técnico.
Por encima de la ley funciona la Federación Saudita de Deporte para Todos (SFA), el brazo del Estado para la actividad física comunitaria. Su número clave:
Población con actividad física semanal: del 13% en 2015 a cerca del 48% en 2022. La meta oficial de Vision 2030 era 40% para 2030 — ya superada.
El plan no trata a la sociedad como un bloque. La SFA diseña programas por franja: infancias, juventud, mujeres, adultos mayores y personas con discapacidad. Así se reparte el esfuerzo:
| Segmento | Antes | El plan |
|---|---|---|
| Infancias | Deporte escolar informal, sin habilitación | Escuelas deportivas licenciadas con Educación; detección de talento |
| Mujeres | Participación marginal | ~33% de participación; ligas femeninas propias |
| Tercera edad | Sin programas dedicados | Programa integral para adultos mayores (SFA + fundaciones) |
| Discapacidad | Cobertura limitada | Programas de inclusión y accesibilidad (obligación legal) |
| Infraestructura | Concentrada en grandes ciudades | Parques urbanos (King Salman Park), gimnasios y piletas de acceso público |
Fuente: Federación Saudí de Deporte para Todos · Programa Calidad de Vida (Vision 2030)
Infancias y tercera edad: los dos extremos del plan/
Los dos extremos de la pirámide etaria cumplen funciones distintas en el diseño estatal.
En la base están las infancias. Cerca del 70% de la población saudita tiene menos de 35 años. La ley habilita escuelas deportivas en coordinación con Educación y obliga a licenciar entrenadores.
La lógica es doble: salud pública —el Reino arrastra altos índices de sobrepeso infantil— y cantera. El que entrena en la escuela hoy es el deportista local que necesita el Mundial 2034 mañana.
En la cima está la tercera edad. Acá no hay lógica de rendimiento: hay gasto sanitario evitado.
El programa para adultos mayores —que la SFA montó con apoyo de fundaciones internacionales— apunta a sostener la actividad física en la vejez para descomprimir el sistema de salud. El deporte como política de cuidado, no como vidriera.
Alto rendimiento: de comprar eventos a producir medallas/
Comprar un Mundial es fácil si tenés la billetera. Ganar medallas, no. Ese es el agujero que el Reino quiere tapar.
El motor se llama Mahd Sports Academy. Lanzada en 2020, es la fábrica estatal de atletas de elite: detecta chicos desde los 8 años, los sigue por una ruta de ocho etapas y los empuja hacia la selección. Las primeras camadas —fútbol, judo, taekwondo— egresaron en 2025.
Ya tiene 16 sedes en las 13 provincias (programa “Takween”, con Educación) y escuelas que combinan estudio y entrenamiento dentro del Complejo Olímpico de Riad. Hasta usa una plataforma de detección de talento con inteligencia artificial.
El directorio lo integran nombres como José Mourinho y la embajadora Reema bint Bandar, y lo preside el propio ministro de Deporte. La ley es el andamiaje alrededor de esa fábrica: pone al Comité Olímpico y Paralímpico en la cúspide, obliga a licenciar entrenadores y agentes, mete a jugadores y técnicos en la seguridad social y crea un régimen antidopaje de cooperación obligatoria. Sin eso no hay atleta olímpico elegible.
| Eslabón | Antes | Con la ley + Mahd |
|---|---|---|
| Detección de talento | Dispersa, librada a cada federación | Mahd Academy (8-18), scouting en 13 provincias, plataforma con IA |
| Formación de elite | Sin pipeline unificado | Ruta de 8 etapas; escuelas estudio + deporte en el Complejo Olímpico |
| Cuerpo técnico | Sin licencia obligatoria | Licencia obligatoria de entrenadores y agentes (registro nacional) |
| Antidopaje | Marco difuso | Comité Antidopaje con cooperación obligatoria (Título 6) |
| El atleta | Vínculo informal | Contratos regulados + seguridad social + seguros + salud y seguridad |
| Cúpula olímpica | Rol limitado | Comité Olímpico y Paralímpico reconocido por ley (puede dividirse en dos) |
| La meta | Participar y ser sede | Subir al podio: las medallas como política de Estado |
Fuente: Ley M/121 · Mahd Sports Academy · Comité Olímpico y Paralímpico saudí
El benchmark que el Reino mira de reojo es Francia: creó su Agencia Nacional del Deporte en 2019 y, con unos US$125 millones al año para cerca de 1.000 candidatos olímpicos, llegó a 64 medallas en París 2024, su mejor marca moderna. Las potencias se construyen con sistema, no solo con plata.
La apuesta de fondo es vieja conocida: las medallas son soft power. Una mejor ubicación en el ranking FIFA o un podio olímpico valen como política exterior. El calendario —Juegos de la Solidaridad Islámica 2025 en Riad, Juegos Asiáticos, eventual candidatura olímpica— es el escenario donde el Reino quiere demostrar que ya no solo compra eventos: produce competidores.
Los puntos polémicos/
La ley moderniza, sí. Pero deja seis flancos abiertos que el movimiento olímpico y las organizaciones de derechos humanos ya miran con lupa.
01 El deporte queda bajo el Estado.
La ley concentra política y supervisión en el Ministerio del Deporte, el Comité Olímpico, el PIF y Aramco. Eso choca con el principio de autonomía del deporte que sostienen FIFA y el COI, donde las federaciones deben operar a distancia del gobierno.
02 El Estado puede disolver directorios.
A los clubes que no se convierten en empresa, el Ministerio puede suspenderles o disolverles el directorio. Es intervención estatal directa sobre la vida interna de la entidad.
03 Juez y parte.
El ministro de Deporte, el príncipe Abdulaziz bin Turki Al-Saud, preside a la vez el Comité Olímpico y Paralímpico saudita. La Regla 27 de la Carta Olímpica pide a los comités nacionales resistir la presión política. Acá el gobierno y el movimiento olímpico son la misma persona.
04 Conflictos de interés en cadena.
Yasir Al-Rumayyan dirige el PIF, preside la Federación de Golf, es chairman del Newcastle y se sienta en el directorio del Comité Olímpico. El que invierte, el que regula y el que compite tienden a confundirse.
05 Un vacío sobre las infancias.
La ley regula escuelas y academias, pero no incluye salvaguardas explícitas para menores: ni verificación de antecedentes del personal que trabaja con chicos, ni obligación de denunciar abusos, ni protecciones alineadas con los marcos del COI y FIFA.
06 La caja sigue en el ministro.
Los topes a la inversión extranjera quedan sin definir y el ministro retiene el control sobre el destino del dinero que genera convertir un club en empresa. Más discrecionalidad, no menos. Y de fondo, la crítica que nunca se va: el sportswashing, con denuncias por el espacio cívico cerrado y los riesgos para trabajadores migrantes en las obras del 2034.
La otra cara: los estudios jurídicos que analizaron la norma destacan que alinea al Reino con estándares internacionales de gobernanza y comercialización, y que formalmente conserva la autonomía disciplinaria de las federaciones. La discusión, entonces, no es si ordena —ordena—, sino quién queda al mando del orden.
La pregunta para Argentina/
Acá la discusión sobre clubes-empresa se da sin los dos puntos que Arabia Saudita puso sobre la mesa al mismo tiempo: capital y marco.
La Ley del Deporte argentina sigue siendo la 20.655, de 1974, con parches sucesivos. El debate por las sociedades anónimas deportivas avanza por decreto y sin un fondo soberano detrás.
Y en alto rendimiento, el contraste es brutal. Argentina tiene sistema —el ENARD, el Cenard— pero sobrevive a fuerza de presupuesto irregular, sin una fábrica de talento tipo Mahd ni capital que la sostenga. Produce medallas a pesar del sistema, no gracias a él.
Pero el contraste más filoso no está en los clubes. El caso saudita muestra las dos caras de meter al Estado en el centro del deporte: financia, mide, planifica y a la vez borra la línea entre el que gobierna y el que compite.
Arabia Saudita mide la actividad física de su población, le pone meta y la cumple. Diseña deporte para chicos y para abuelos como política de Estado, con presupuesto detrás. El costo es la autonomía.
La pregunta no es si el modelo saudita es replicable —no lo es—. Es más incómoda: ¿qué sabe el Estado argentino sobre cuánto se mueve su gente, qué plan tiene para que el deporte llegue a la salita de cinco y al geriátrico, y cuánta autonomía está dispuesto a respetar mientras lo hace?



